Mercados campesinos, una respuesta al nuevo dilema alimentario

Autor: 
Dirección de Estudios Socioeconómicos y Regulatorios

Fuimos testigos el pasado 3 de febrero de un nuevo récord histórico en las cotizaciones internacionales de los alimentos, de acuerdo con la información presentada por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, FAO, por su sigla en inglés.

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Fotografo ODE

Mercados campesinos, una respuesta al nuevo dilema alimentario

Fuimos testigos el pasado tres de febrero de un nuevo récord histórico en las cotizaciones internacionales de los alimentos, de acuerdo con la información presentada por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, FAO, por su sigla en inglés.

Esta nueva alza en el precio de los alimentos, que recuerda la registrada entre el último trimestre de 2006 y mediados de 2008, en donde las cotizaciones subieron hasta 300%, como en el caso del trigo, evidencia que los precios altos de las materias primas agrícolas llegaron para quedarse. Aunque el incremento reciente en los precios de los alimentos se puede explicar en parte por la suma de elementos coyunturales macroeconómicos, como la volatilidad del dólar y el aumento en el precio del petróleo[1], en el fondo obedece a la presencia de factores de carácter estructural en la producción, el consumo y el mercadeo de alimentos que no han recibido la debida atención y que superan las razones estacionales de clima o las decisiones coyunturales de política de los países[2].

Es por esto que algunos expertos internacionales como Abdolreza Abbassian, economista de la FAO y experto en cereales, indican que “alza de precios de los alimentos supone una grave preocupación, en especial para los países de bajos ingresos y con déficit de alimentos que pueden tener dificultades en financiar sus importaciones alimentarias, y para las familias pobres que gastan un porcentaje importante de sus ingresos en alimentos".

En Bogotá aún no hay indicios de alzas recientes en los precios de alimentos como cárnicos, huevos, lácteos, pastas y productos panificables, cuyo costo depende directamente de la dinámica internacional de estas materias primas, ya que estas son el principal costo en su producción. Sin embargo, este nuevo panorama internacional de precios altos de los alimentos, conlleva a pensar más allá de la coyuntura, específicamente frente al tema de la seguridad alimentaria de la población. Es aquí donde recae la importancia de iniciativas como los Mercados Campesinos, una apuesta liderada por el Comité de Interlocución Campesino y Comunal con el apoyo de la Alcaldía Mayor de Bogotá[3], que encaja en este nuevo dilema mundial en donde la soberanía alimentaria esta llamada a resurgir como parte de la estrategia de seguridad alimentaria.

En 1994, el Programa de las Naciones Unidos para el Desarrollo, PNUD, indicaba en el Informe de Desarrollo Humano que “la gente no pasa hambre porque no haya alimentos, sino porque no puede adquirirlos”. Pero hoy, 15 años después, no solo está en riesgo el acceso por precios (dada la dinámica internacional) sino también por el acceso físico al producto, como consecuencia del cambio climático y de la cada vez más común política de los países exportadores de restringir las ventas externas para garantizar el consumo local.

Los Mercados Campesinos reivindican la economía campesina en claves de seguridad y soberanía alimentarias, derecho a la alimentación y comercio justo, trayendo a la ciudad los productos de muchos campesinos que viven en la Región Capital a precios cómodos para los consumidores. En cuatro años de funcionamiento, los Mercados Campesinos han alcanzado ventas por 10 mil millones de pesos o 2.763 toneladas de alimentos, vendidas en 332 mercados presenciales. En promedio, en cada mercado se venden más de 30 millones de pesos representados en 8.322 kilos de comida.

El proceso ha sido escalonado y exitoso. En la primera fase del convenio (2007), concebida como un esfuerzo para diseñar e implementar estrategias de comercialización de los productos de la economía campesina en Bogotá, se vendieron 193 toneladas de alimentos (440 millones de pesos) en 36 mercados presenciales ubicados en tres localidades: Usaquén, Engativá y Antonio Nariño, y un evento especial celebrado en la plaza de Nariño.

Durante la cuarta fase, celebrada en 2010, el número de toneladas vendidas se multiplicó en más de cinco veces (1.084 toneladas o 3.654 millones de pesos), llegando a 120 mercados presenciales, tres veces más, en ocho localidades de la ciudad: Usaquén, Engativá, Suba, Fontibón, Antonio Nariño, Rafael Uribe Uribe, Kennedy y Ciudad Bolívar, y dos eventos especiales celebrados en la plaza de Nariño.

Pero este proceso no puede ser examinado únicamente a la luz de las cifras brutas de ventas y números de mercados, sino también por los beneficios económicos y sociales para productores y consumidores. Productores y productoras aumentan los volúmenes de venta, mejoran su conocimiento sobre las preferencias de los consumidores y los procesos asociativos, y establecen contactos comerciales con los mayoristas, permitiéndoles así mejorar sus niveles de ingresos. Los consumidores, entre tanto, encuentran productos de calidad a costos más bajos, debidos a la menor intermediación y a la optimización del servicio de transporte (uno de los mayores dolores de cabeza de los productores campesinos).

Al final del día, de acuerdo con estimaciones realizadas por un equipo de expertos de la Dirección de Economía Rural y Abastecimiento Alimentario de la Secretaría, los productores tendrían una ganancia adicional de 3.747 millones de pesos frente al precio que recibirían en sus fincas por los mismos productos, descontando los costos logísticos, mientras que los consumidores ahorraron 829 millones de pesos (cerca de 300 pesos por kilo) frente al precio que pagan habitualmente por la misma comida.

[1] Aunque el precio actual cercano a los US$85 por barril puede parecer bajo frente al pico de US$147 registrado en junio de 2009, es cuatro veces mayor que el precio promedio registrado por más de dos décadas antes de 2004.

[2] Estas causas estructurales son: 1) La demanda por alimentos  sigue aumentando como respuesta al mejor nivel de ingresos de las economías emergentes  y al cambio en las preferencias de sus consumidores. 2) Los agrocombustibles líquidos todavía compiten por tierras cultivables con cereales y oleaginosas para consumo humano o forraje, en especial en el caso del maíz para bioetanol  y el fríjol soya para biodiesel en Estados Unidos. 3) La tasa de crecimiento de los rendimientos en los cultivos de cereales ha comenzado a desacelerarse, y; 4) La especulación que continúa en los mercados de futuros agrícolas, debido a la reglamentación más débil contra la especulación frente a la que se tiene en los mercados de stocks norteamericanos.

[3] A través de la Secretaria Distrital de Desarrollo Económico. También cuenta con el apoyo del Instituto Latinoamericano para una Sociedad y un Derecho Alternativo (ILSA), Oxfam,  60 alcaldías municipales, así como más de 2.500 campesinos y los pequeños distribuidores, tenderos y consumidores.

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