Reflexiones sobre desarrollo económico y el papel público en Bogotá

Autor: 
Manuel Riaño S.

Este cuaderno condensa, en tres grandes capítulos, las reflexiones sobre el sector de Desarrollo Económico en Bogotá. Primero, desde una visión holística frente a temas tan importantes como la visión de ciudad, la competitividad, el presupuesto, la movilidad, los instrumentos de uso del suelo y los sistemas de información; segundo, desde la institucionalidad y los diferentes retos que debe enfrentar la Secretaría para tomar las mejores decisiones de política en el sector, así como el mejor camino para potenciar las entidades, programas y proyectos que permitan posicionar a Bogotá como una ciudad incluyente, dinámica y productiva; y, finalmente, acerca de las recomendaciones que el autor considera que se deben tener en cuenta para la construcción, implementación y fortalecimiento de las políticas de trabajo decente y digno, financiamiento y emprendimiento, competitividad, ciencia y tecnología, seguridad alimentaria y nutricional, así como la hoja de ruta que debe seguir el Observatorio de Desarrollo Económico en los próximos años.

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Foto:OdeBogotá

Después de 5 años de haber estado vinculado a la Secretaría de Desarrollo Económico, Manuel Riaño propone reflexiones muy interesantes sobre el desarrollo económico de la ciudad, sobre la función de la Secretaría y, en general, sobre la institucionalidad pública.

El texto tiene dos virtudes. Primero, no es una rendición de cuentas. Es un análisis sereno de las limitaciones y, también, de las potencialidades de la Secretaría de Desarrollo. Riaño va mucho más allá de su experiencia personal y plantea problemas fundamentales, que la nueva administración debería considerar seriamente. Y, segundo, el texto muestra que para responder a los retos planteados es necesario superar los marcos relativamente estrechos de una secretaría, y buscar alternativas inspiradas en enfoques interdisciplinarios. Con razón, el autor lamenta la falta de “una visión conjunta entre los actores que confluyen en el desarrollo económico” de la ciudad. Para Riaño el Confis podría ser el instrumento apropiado para coordinar las políticas de desarrollo económico.

Destaco algunos de los temas propuestos en el texto.

Las alianzas público-privadas. No es posible consolidar la dinámica urbana de manera incluyente sin la colaboración público-privada. La política pública en las ciudades tiene que ser replanteada, de tal forma que las sinergias con el sector privado cumplan tres propósitos: mejoramiento del bien-estar de los ciudadanos, satisfacción de los electores con sus gobernantes, y la participación de los agentes públicos y privados en las rentas que genera la dinámica de la aglomeración. El gobierno local y los empresarios privados deberían entender que la articulación de acciones los favorece a ambos.

Las ciudades no tienen que competir. En opinión de Riaño no es conveniente plantear la competencia entre ciudades. No tiene ningún sentido que haya enfrentamientos, por ejemplo, entre Bogotá y Mosquera. No es adecuado que se entre en una carrera por reducir impuestos con el fin de atraer las empresas. Las ciudades deben colaborar porque los intereses comunes son de muy diversa índole.

La autonomía presupuestal de Bogotá. Las grandes ciudades del país, comenzando por Bogotá, deberían tener mayor autonomía fiscal. El control del gobierno nacional es excesivo. La ciudad debería tener más margen de maniobra en la definición de las tarifas de los impuestos, y en la distribución del gasto. En el presupuesto de la ciudad cada vez pesan menos los recursos que la Nación transfiere a través del Sistema General de Participaciones. El notable esfuerzo fiscal de Bogotá debería ir acompañado de una creciente autonomía.
Riaño dice que Bogotá debe “anticiparse al riesgo fiscal”. Y en el diagnóstico se conjugan dos elementos. Por un lado los excedentes de tesorería derivados de la baja ejecución que llegan a $4,8 billones. Y, por el otro, las necesidad de recursos que tiene la ciudad para resolver los problemas estructurales: construcción del metro, universalización de la jornada completa, descontaminación del río Bogotá, etc. Estas inversiones fácilmente llegan a los $20 billones. Para obtener los recursos necesarios para financiar estas obras, la estructura tributaria tiene que replantearse. La modernización de los impuestos debería tener dos características: progresividad y participación en rentas urbanas. Al avanzar en ambas direcciones se garantiza la financiación de los proyectos estratégicos.

La integración de Bogotá y la región. La creación de la Rape (Región Administrativa de Planeación Especial) abre excelentes posibilidades para que la dinámica urbana pueda ser comprendida a partir de los procesos regionales. La sostenibilidad de una ciudad como Bogotá depende de su integración con la región.
El marginamiento de la Secretaría de Desarrollo Económico. El presupuesto de la Secretaría apenas es el 0,7% de los recursos de la administración central. Esta baja participación muestra que el gobierno distrital todavía no ha entendido las funciones que debería cumplir la Secretaría. Riaño describe estas tareas estratégicas y se extraña porque no han recibido la atención que merecen. i) La relación con el sector privado, que debe llevar a la consolidación de proyectos conjuntos en los que ambas partes pueden compartir rentas. ii) La creación de trabajo decente y digno. iii) El fomento del empleo. iv) El apoyo a los programas de emprendimiento. v) El fortalecimiento de la institucionalidad. vi) El aprovechamiento adecuado de la información.

Los argumentos de Riaño son contundentes. Tienen la fuerza analítica de una autocrítica que reconoce los limitantes estructurales, y así logra liberar la carga subjetiva. El texto permite entender los retos del desarrollo económico de la ciudad, y pone en evidencia una concepción de la administración pública que confía en las ventajas de la articulación con el sector privado.

La Secretaría de Desarrollo Económico no ha encontrado su camino. Sigue a la deriva. Cada nuevo secretario tiene que plantearse las preguntas básicas relacionadas con la tarea misional. Esta incertidumbre no existe en otras secretarías que ya están consolidadas. La falta de norte es una debilidad de la Secretaría, pero también es una potencialidad. La lectura cuidadosa del texto de Riaño permite encontrar caminos que puedan ir consolidando una Secretaría de Desarrollo con visión estratégica, y con capacidad de concebir, en asocio con los privados, una ciudad productiva, incluyente y equitativa.

Jorge Iván González

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