Disparidades regionales en Colombia: el caso de la pobreza monetaria por departamentos

Autor: 
Ana María Valencia M.

El DANE presentó las cifras de pobreza monetaria por departamentos , información complementaria a la obtenida en marzo cuando mostraron los resultados por ciudades, además de publicar los datos de pobreza multidimensional. Los resultados dispuestos recientemente, contienen, además, las líneas de pobreza y pobreza extrema, junto a los indicadores de brecha y severidad.

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Foto:OdeBogotá

El DANE presentó las cifras de pobreza monetaria por departamentos[1], información complementaria a la obtenida en marzo cuando mostraron los resultados por ciudades, además de publicar los datos de pobreza multidimensional. Los resultados dispuestos recientemente, contienen, además, las líneas de pobreza y pobreza extrema, junto a los indicadores de brecha y severidad.

Colombia es uno de los países que más ha disminuido la pobreza en los últimos siete años, pasando de 42% en 2008 a 28,5% en 2014. La pobreza extrema en el mismo periodo se ha reducido a la mitad. Estos resultados lograron que el país cumpliera una de las metas del primero de los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio, el cual era reducir la pobreza a 28,5% y la pobreza extrema a 8,8%. Pese a este resultado general, los datos de pobreza departamental muestran las profundas y preocupantes brechas que aún existen entre el centro y la periferia, y entre el campo y la ciudad. Seguir en la senda de reducir la pobreza y mejorar la desigualdad regional es un reto para el país, más ahora que las finanzas públicas posiblemente presentarán un recorte en los recursos por la caída de los precios internacionales del petróleo.

Si bien el Observatorio de Desarrollo Económico de Bogotá (ODEB) es consciente de que técnicamente es más adecuado comparar los resultados de la capital con los de otras ciudades, es importante presentar la información sobre líneas, severidad y brecha que aparece en este apartado. Además, pese a que sabemos que Bogotá es un polo de desarrollo que obtiene los mejores indicadores, conocer que este resultado se presenta en una coyuntura de altas disparidades regionales, sirve para contextualizar el entorno que envuelve a Bogotá, como capital del país.  

Por lo tanto, los datos logran concluir, en primera medida, que a escala departamental Bogotá es el territorio con menor pobreza monetaria y extrema en el país. Esto puede ser explicado fácilmente porque la capital, además de tener una población rural mínima, tiene grandes potencialidades en cuanto a la generación y calidad de nuevos empleos y, además, mayor calidad de vida en términos de acceso a servicios como salud y educación.

La segunda gran conclusión es que pese a que en general los indicadores de pobreza están bajando, las disparidades regionales están muy acentuadas. Esto quiere decir que el ingreso por persona en Bogotá supera al segundo en $318.487, es decir, que el ingreso de Antioquia representa el 68% del ingreso promedio per cápita de Bogotá. De la misma manera que el departamento más pobre de Colombia (Chocó), tiene una cifra de pobreza monetaria 56 puntos porcentuales más alta que la registrada para Bogotá (65,9% frente a 10,1%). Estas diferencias regionales no permiten reducir la pobreza más rápidamente y dificultan el crecimiento sostenido de la nación.

De manera que  esta nota editorial presenta primero el análisis de las líneas de pobreza, que corresponden al monto de dinero mínimo que necesita una persona para obtener la canasta de bienes y servicios. Por su parte, las líneas de pobreza extrema o indigencia valora la canasta compuesta solo de alimentos que permite a una persona la sobrevivencia mínima. Posteriormente se presentan los datos de brecha y severidad de la pobreza, indicadores no muy comunes que complementan el análisis de la situación de escasez de muchas personas en Colombia. Seguidamente se hace una mención sobre desigualdad e ingresos por persona de la unidad de gasto, para finalmente cerrar con unas conclusiones generales sobre el tema.

Líneas de pobreza e indigencia

Para comenzar, dentro de la metodología utilizada por el DANE, se define la línea de pobreza como el costo per cápita (por persona) de una canasta mínima de bienes alimentarios y no alimentarios que garantice un nivel de vida aceptable. Esta línea difiere entre regiones, precisamente porque existen disparidades en el poder adquisitivo de las mismas.

En Bogotá esta línea de pobreza para 2014 se ubicó en $229.672. Esto significa que con esta cantidad de dinero, un capitalino puede adquirir los bienes y servicios básicos para no ser catalogado ‘pobre’. Como los hogares en el Distrito Capital en promedio están conformados por 3,1 personas[2], podemos afirmar que un hogar pobre es aquel que cuenta aproximadamente con por lo menos $711.983, cifra superior al Salario Mínimo Mensual Legal Vigente (SMMLV) para 2014 ($616 mil).

La línea de pobreza de los bogotanos es la segunda más alta, después de Atlántico. En la nación este indicador se ubicó en $211.807, cifra superada solo por 8 departamentos[3] y por la capital del país.

El porcentaje de personas en Bogotá que, con base a los ingresos efectivamente percibidos[4] son catalogados pobres, representa para 2014, el 10,1% de la población, aproximadamente 785.461 personas. Este porcentaje de pobres es el más bajo entre los departamentos del país, seguido por Cundinamarca (16,9%), Santander (19,6%) y Valle del Cauca (22,7%). La incidencia de pobreza en el total nacional fue 28,5% y son preocupantes los valores que obtienen departamentos como Chocó (65,9%) – donde la pobreza además de ser alta, subió con respecto a 2013 – Cauca (54,2%) y  La Guajira (53%), departamentos azotados por el conflicto armado y el hambre, donde más de la mitad de la población no puede acceder a la canasta mínima de bienes y servicios.

Por otra parte, la línea de indigencia en Bogotá se ubicó en $99.297 en 2014, aumentando $4.105 con respecto a 2012. En la capital del país un hogar promedio de 3,1 personas se ubica bajo la línea de indigencia si obtiene menos de $307,820 para adquirir una canasta de bienes mínima que garantice un adecuado consumo calórico. A diferencia de la línea de pobreza, la de indigencia solo contempla bienes alimenticios dentro de la canasta. Aunque el porcentaje de incidencia de la pobreza extrema ha bajado sistemáticamente en la última década, aún 147.760 ciudadanos de Bogotá (1,9%) viven bajo esta condición. El porcentaje de pobreza extrema en Bogotá también es el más bajo con respecto a los demás departamentos y respecto al total nacional (8,1%). En esta medición, Chocó, Cauca y La Guajira, siguen siendo los departamentos más afectados por este flagelo en Colombia.

Gráfica 1: Incidencia de la pobreza en los cuatro departamentos menos pobres y los cuatro más pobres y total nacional Porcentaje, 2013 - 2014

Fuente: DANE – Cifras departamentales de pobreza monetaria y desigualdad 2014

Además de los anteriores datos de pobreza y desigualdad, el DANE presenta también indicadores menos conocidos como lo son: brecha o intensidad y severidad de la pobreza. La brecha de la pobreza mide la cantidad de dinero que le falta al hogar pobre para dejar de serlo, con respecto a la línea de pobreza. En Bogotá este indicador se ubica en 3,4%, presentando una disminución con respecto a 2012 de 0,3 puntos porcentuales. La intensidad de la pobreza en Colombia también bajó y correspondió a 10,8%. Después de Bogotá, los departamentos con la menor brecha de pobreza son Cundinamarca (5,6%), Santander (6,5%) y Valle del Cauca (8,2%).

El otro indicador se relaciona con la severidad de la pobreza y mide el grado de desigualdad existente entre las personas pobres, ponderando las diferencias entre el ingreso per cápita de cada hogar con la línea de pobreza. El objetivo de la ponderación es dar mayor importancia a las unidades pobres más alejadas de la media. La severidad de la pobreza en Bogotá para 2014 se ubicó en 1,8%, la más baja del país, mientras que la severidad de indigencia correspondió a 0,6%. Santander (3,2%), Cundinamarca (2,8%) y Atlántico (3,9%), son los departamentos de Colombia con menor severidad de la pobreza, después de Bogotá.

Si se analiza la desigualdad del ingreso por departamentos, se encuentra que Bogotá está en el puesto décimo dentro de las regiones más desiguales del país, con un coeficiente Gini de 0,502, superado por el promedio nacional (0,538). El coeficiente de Gini es un indicador utilizado para medir la desigualdad en los ingresos, reflejando gran inequidad cuando alcanza valores cercanos a 1, y gran equidad en los ingresos cuando se acerca a 0.

No obstante, si se presentan cifras de ingreso promedio por persona de la unidad de gasto[5], Bogotá obtiene el ingreso más alto a escala nacional ($999.195), el cual aumentó 4,6% con respecto a 2013. Lo anterior significa que una familia bogotana promedio percibe un ingreso de $3.097.504 mensuales

Gráfica 2: Ingreso promedio per cápita de la unidad de gasto 23 departamentos, Bogotá y total nacional Pesos corrientes, 2014

Fuente: DANE – Cifras departamentales de pobreza monetaria y desigualdad 2014

A juzgar por las cifras reportadas por el DANE, solo Bogotá, Bucaramanga y Medellín lograrán superar la pobreza extrema en los próximos quince años. Esto quiere decir que en los demás territorios, departamentos o ciudades, se debe realizar un esfuerzo más grande para romper las trampas de la pobreza y focalizar de menor manera los programas hacia los más pobres  y vulnerables, lo cual no siempre sucede por las dificultades que encuentra el Estado para acceder a ciertos lugares de la geografía nacional.

La estrategia de lucha contra la pobreza y la desigualdad continua siendo muy débil en Colombia, lo cual requiere inversiones pertinentes y focalizadas en los más necesitados, políticas públicas sostenibles que superen los cambios en las autoridades administrativas, educación de calidad, inclusión e innovación social y la búsqueda del bienestar colectivo.

Un reciente estudio de la revista Semana sobre los 30 municipios que más han superado la pobreza en Colombia[6], muestra que este logro se ha alcanzado porque las administraciones locales le apostaron a lo social en sus respectivos planes de desarrollo, a través de políticas en primera infancia, protección de niños y adolescentes y goce efectivo de los derechos de las personas de la tercera edad.  También a través de la educación, con programas que ampliaran la cobertura y la calidad.

Analizando entonces la experiencia y los programas de estos 30 municipios exitosos que demuestran que sí es posible sacar a más personas del flagelo de la pobreza, observamos que la visión y enfoque no dista de lo realizado en Bogotá desde hace años, donde las administraciones distritales se enfocaron en lo social y crearon programas con presupuestos importantes en primera infancia y apoyo a la vejez. Con relación a la educación, en Bogotá comenzó la implementación del programa 40x40, el cual provee jornada única para los estudiantes distritales en los cuales se desarrollan las artes, la cultura, educación técnica, etc. Esto como mecanismo para continuar reduciendo la brecha entre los colegios privados y oficiales. Lo anterior quiere decir que Bogotá ha seguido el camino correcto para impactar la vida de miles de ciudadanos, ya que ha logrado sacar a 92.815 personas de la pobreza monetaria y a 3.667 de la extrema entre 2012 y 2014.

 

[1] Solo se presentan las cifras de 23 departamentos y Bogotá D.C. Aunque hace dos años, ya se realiza la Gran Encuesta Integrada de Hogares en los demás departamentos, se espera que el DANE utilice estos datos para calcular pobreza en los territorios que hacen falta

[2] El número de personas promedio por hogar presenta diferencias entre los hogares de menores ingresos y los que perciben mayores rentas. Mientras que para el quintil 1 o quintil más pobre, corresponde a 3,8; en el caso del quintil 5 (más rico), solo es de 2,4 personas por hogar.

[3] Atlántico, Valle del Cauca, Santander, Quindío, Antioquia, Bolívar, Norte de Santander, Risaralda

[4] El ingreso de los hogares utilizado para el cálculo de la pobreza monetaria e indigencia, presenta un tratamiento estadístico denominado imputación, el cual consiste en asignar un ingreso a aquellos hogares que no reportaron información de la variable, lo mismo que “ajustar” aquellos ingresos subestimados por las personas cuando respondieron la encuesta.

[5] En la unidad de gasto se considera como tal a la persona que atiende sus propios gastos, o al grupo de personas que comparten la vivienda y tienen arreglos para satisfacer en común sus necesidades esenciales (gastos de alimentación, servicios de la vivienda, equipamiento y otros gastos del hogar). No hacen parte de la unidad de gasto el pensionista ni los empleados domésticos y sus hijos, a cuyas personas se les considera miembros del hogar pero no se les toma información de gastos.

[6] Revista Semana. Saliendo adelante. Mayo 2015

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