Bogotá avanza en la construcción de la Política de Trabajo Decente

Autor: 
Ingrid Millán y Ricardo Jaramillo

En conmemoración del Día Mundial del Trabajo Decente (7 de octubre) la Secretaría Distrital de Desarrollo Económico –SDDE– presenta el primer diagnóstico de Trabajo Decente para la ciudad de Bogotá. En general, las recomendaciones internacionales señalan que no se debe sintetizar el Trabajo Decente en un indicador global, por lo cual el análisis se presenta por dimensiones que permiten comprender la complejidad del mercado de trabajo.

tn_MAO_7424.jpg
Foto:OdeBogotá

En conmemoración del Día Mundial del Trabajo Decente (7 de octubre) la Secretaría Distrital de Desarrollo Económico –SDDE– presenta el primer diagnóstico de Trabajo Decente para la ciudad de Bogotá. En general, las recomendaciones internacionales señalan que no se debe sintetizar el Trabajo Decente en un indicador global, por lo cual el análisis se presenta por dimensiones que permiten comprender la complejidad del mercado de trabajo.
Desde el año 2008 la Confederación Sindical Internacional ha venido organizando esta jornada, caracterizada principalmente por movilizaciones de trabajadores en el mundo entero, en las cuales se exige la materialización de los postulados enunciados por Juan Somavia, Director General de la OIT, en el marco de la Conferencia Internacional del Trabajo de 1999. En esa ocasión, el Trabajo Decente fue definido como “aquella ocupación productiva justamente remunerada y ejercida en condiciones de libertad, equidad, seguridad y respeto por la dignidad humana”.

El diagnóstico, que es el primero que se realiza para la ciudad, muestra una leve mejoría en la mayoría de los indicadores de trabajo decente y un leve deterioro en algunos de ellos. De los indicadores calculados, doce (12) presentan un comportamiento positivo entre los que se encuentran la tasa de ocupación, la tasa de trabajo infantil y los relacionados con un entorno de trabajo seguro; tres (3) presentan un comportamiento constante para el periodo analizado y ocho (8) presentan un balance negativo.

1. ¿Qué es el Trabajo Decente?

El Trabajo Decente se define como “aquella ocupación productiva justamente remunerada y ejercida en condiciones de libertad, equidad, seguridad y respeto por la dignidad humana”. Es un concepto que se fundamenta en un enfoque de derechos en la medida en que su aplicación busca garantizar a todas las personas por igual las mismas condiciones generales de empleo, independientemente del nivel de ingreso, origen, raza, sexo, edad y demás circunstancias relevantes.
El concepto de Trabajo Decente ha logrado aceptación entre gobiernos, empleadores, trabajadores, la sociedad civil y las agencias internacionales. De hecho, el Trabajo Decente no solo sintetiza las aspiraciones de los individuos en cuanto al componente laboral de su vida, sino que se perfila como un elemento fundamental para alcanzar una globalización justa, reducir la pobreza y lograr un desarrollo equitativo, inclusivo y sostenible.
El Trabajo Decente puede ser sintetizado en cuatro objetivos principales:
Principios y derechos fundamentales en el trabajo y normas laborales internacionales: abarca el marco ético y legal del Trabajo Decente, resaltando la necesidad de hacer cumplir los principios y los derechos básicos del trabajo a través de la reivindicación y el respeto por la legislación laboral nacional e internacional, como requisito indispensable para alcanzar el desarrollo humano.
Oportunidades de empleo e ingresos: considera que el empleo debe ser accesible en condiciones de libertad y no discriminación para todos los individuos que buscan un trabajo; éste, a su turno, debe conllevar una remuneración que permita al trabajador y su familia satisfacer sus necesidades básicas.
Protección y seguridad social: se orienta al aseguramiento de los trabajadores frente a cualquier contingencia de salud, vejez, maternidad, desempleo, desastres naturales etc., con un cubrimiento efectivo para el trabajador y su familia, garantizando así un nivel mínimo de protección y bienestar al trabajador y su familia.
Diálogo social y tripartismo: busca dar voz y representación a todos los participantes en el proceso de producción, reduciendo eventuales disparidades de poder de negociación y favoreciendo cualquier tipo de negociación, consulta o intercambio de información entre los representantes de los gobiernos, los empleadores y los trabajadores sobre las cuestiones de interés común relacionadas directamente con el trabajo y con las políticas económicas y sociales que repercuten en el mismo.

2. ¿Cuál es el estado del Trabajo Decente en la ciudad?

El OTD efectuó un diagnóstico de la situación del Trabajo Decente para Bogotá durante los últimos cinco años, desagregando los cuatro objetivos estratégicos del trabajo decente en diez dimensiones; para cada una de estas dimensiones se definieron indicadores específicos de medición. Esta es la primera experiencia de medición del Trabajo Decente en el país con indicadores específicos.
En general, las recomendaciones internacionales señalan que no es recomendable sintetizar el Trabajo Decente en un indicador global, por lo cual el análisis se presenta por dimensiones:
Oportunidades de empleo: Bogotá presenta un comportamiento positivo en esta dimensión, que obedece a una demanda laboral creciente y a un cambio positivo en el comportamiento del mercado laboral, especialmente en los últimos tres años, después del estancamiento económico del 2009. Esta dinámica está caracterizada por un comportamiento positivo de la tasa de ocupación, que pasó de 58.9% en el 2008 al 65.2% en el 2012 y a una disminución de la tasa de desempleo, la cual se ubicó en 9.5% en el año 2012, después de alcanzar más de un dígito (11.5%) en el año 2009.
Al desagregar las cifras por género, se evidencia que existen marcadas diferencias entre hombres y mujeres. La tasa de ocupación de los hombres durante el 2012 fue de 72.7% mientras que la de las mujeres fue de 58.5%, lo que representa una brecha de 14.2 puntos porcentuales. Una situación similar se presenta con la tasa de desempleo. Para el mismo periodo la de los hombres se ubicó en 8% y la de las mujeres en 11.2%, mostrando una diferencia de 3.2 puntos porcentuales.
Adicionalmente, la situación de los jóvenes – personas entre 14 y 26 años - también requiere especial atención, teniendo en cuenta que su tasa de ocupación durante el 2012 fue en promedio 53.1% (12.1 puntos porcentuales de diferencia frente al agregado) y que su tasa de desempleo alcanzó 17.9%, 8.4 puntos porcentuales por encima de la del la ciudad.
A pesar de que Bogotá se posiciona como la ciudad del país con mayor dinamismo en la generación de oportunidades de empleo, persisten problemas relacionados con el tipo de trabajo que se genera:
Cuando se analiza el indicador de proporción de trabajadores por cuenta propia y de trabajadores familiares en la ocupación total, indicador que muestra la proporción de trabajadores con mayor inestabilidad o riesgo económico que las demás personas ocupadas, se encuentra una alta participación que ha venido aumentando; la tasa de participación de este tipo de trabajadores pasó del 34% en el año 2008 al 35.3% para comienzos del 2012.
La tasa de informalidad no ha cedido ante el impulso de la generación de trabajo, manteniéndose en niveles cercanos al 50%. Mientras en el año 2008 ésta se ubicó en 45.7% para el año 2012 alcanzó un 46.3%.
Por otro lado, el porcentaje de jóvenes que no están estudiando ni trabajando, indicador que refleja las oportunidades laborales que encuentran los jóvenes en el mercado de trabajo, cae del 22% en el 2008 al 19.9% en el 2012. Esta caída puede indicar que los jóvenes están entrando al mercado laboral en la medida enque cae el desempleo en general o que están teniendo más acceso a la educación; en cualquiera de los dos casos hay una leve mejoría en la inclusión social juvenil. Sin embargo, persiste una alta tasa de jóvenes excluidos de las oportunidades educativas y laborales, además, al desagregar esta tasa de inclusión productiva y la tasa de desempleo juvenil por sexo se observa una gran disparidad, las tasas de las jóvenes superan en más de diez puntos a las de los jóvenes.
En conclusión, si bien las oportunidades laborales en la ciudad han mejorado, aún persisten problemas de ocupación precaria, trasladando la preocupación de la política de la cantidad del empleo hacia la calidad del mismo y con un énfasis en poblaciones específicas como los jóvenes y las mujeres.
Ingresos Adecuados y Trabajo Productivo: en esta dimensión se encontró que ha disminuido la cantidad de trabajadores asalariados con bajos salarios (aproximadamente menores a $2,856 pesos por hora), que pasó de 10.8% en 2010 a 10.0% en 2012, pero el valor de las remuneraciones medias por hora no se ha modificado sustancialmente, manteniéndose alrededor de $5,550. Esto significa que hay más personas con mejores salarios pero que, en general, el valor de estos salarios no se ha incrementado.
Con respecto a los trabajadores con bajos salarios, se evidenció que los trabajadores y trabajadoras del servicio doméstico son los que reciben menores ingresos mientras que los obreros y empleados del gobierno presentan son los mejor remunerados. En relación con las remuneraciones medias por hora, se verificó que los salarios, en general, son más altos en Bogotá que en el resto del país.
Horas de Trabajo Decente: Bogotá presenta un alto número de trabajadores en jornadas laborales excesivamente largas (más de 48 horas por semana). El porcentaje de trabajadores en jornadas de trabajo excesivas ha venido disminuyendo en los últimos años, aunque presenta un ligero repunte entre los años 2011 y 2012, ubicándose en 60.6% y 61.4% respectivamente, frente al 65.9% alcanzado en 2008. La desagregación de este indicador según sexo, muestra que en general el porcentaje de hombres con jornadas laborales excesivas en superior que el de las mujeres en alrededor de 20 puntos porcentuales.
Esta dimensión requiere gran atención, en la medida en que la tendencia del indicador de horas de trabajo decente es a aumentar, arrastrada por el aumento de las jornadas de trabajo de los hombres a un ritmo mayor que la disminución de la jornada de trabajo remunerado de las mujeres, quienes se emplean más en labores de medio tiempo.
Conciliación del trabajo, la vida familiar y la vida personal: La conciliación trabajo-familia, medida a través de la tasa de tiempo de trabajo no remunerado frente al remunerado, se interpreta como el tiempo de trabajo no remunerado de oficios domésticos y cuidado de niños y ancianos en su conflicto-relación con el tiempo de trabajo remunerado. De esta forma cuando el indicador es alto y sube significa una mayor dificultad en conciliar trabajo y familia o un deterioro de la relación trabajo-familia, al tener una relativa carga de trabajo doméstico no remunerado frente al trabajo remunerado.
Durante el año 2012, el 54.8% del trabajo realizado en la ciudad fue no remunerado. Esto significa que los ocupados no recibieron pago por cerca de la mitad del tiempo que trabajaron. A pesar de ser un valor alto, ha mejorado en los últimos años, en particular con respecto al 2010 cuando se ubicó en 63.4%. Bogotá se presenta como el territorio con la proporción más baja de trabajo no remunerado sobre el remunerado en el país. En las otras áreas urbanas este porcentaje crece en cerca de 10 puntos porcentuales más y en el resto del país llega a ser del 80%, es decir, 26 puntos porcentuales por encima de Bogotá.
La menor tasa de Bogotá frente a las demás áreas geográficas, se debe a un mayor proceso de modernización, en el sentido de una mayor comercialización de actividades que antes eran no remuneradas y se realizaban en el ámbito de los hogares, y que ahora se realizan cada vez más en el ámbito comercial y remunerado (por ejemplo servicios de lavado de ropa y aseo con terceras personas, servicios de arreglo personal y belleza en peluquerías, salones y centros de cuidado, etc.).
Trabajo que debería abolirse: Esta dimensión que muestra el nivel de explotación laboral infantil, a través de la tasa de trabajo infantil (niños y niñas entre los 5 y 17 años de edad que trabajan, en relación con las personas de la misma edad) ha presentado una significativa reducción, comportamiento altamente positivo. La tasa de trabajo infantil cae entre 2011 y 2012 del 11% al 7.5%. El trabajo infantil ha disminuido pero necesariamente debe desaparecer, para lo cual se requiere la implementación de medidas distritales coordinadas para atender esta problemática.
Estabilidad y seguridad del Trabajo: la dimensión de estabilidad y seguridad en el trabajo en la ciudad refleja la realidad nacional: las relaciones laborales son de corta duración y existe una alta rotación.
La tasa de empleo precario proporciona información acerca de la proporción de trabajadores cuyo contrato de trabajo, ya sea verbal o escrito, es de duración relativamente corta, de término fijo o puede ser terminado con un breve aviso. Las tasas más bajas del país las tiene Bogotá, con valores que se mantienen alrededor de un 30%. Comparativamente con el país, se encuentra que las tasas de las 12 principales ciudades se mantienen cerca de nueve puntos por arriba de Bogotá (39%) y para el resto del país este indicador se ubica en 48%, aproximadamente 20 puntos adicionales que en Bogotá. Esto muestra que la situación de la ciudad con respecto al resto del país es positiva pero susceptible de mejorar, ya que solamente el 70% de los ocupados de la ciudad pueden desempeñar sus labores sin preocuparse por la proximidad de la finalización de sus contratos.
El indicador de tiempo en el que los trabajadores han estado en su trabajo actual, sin importar la duración del contrato, evidencia que viene disminuyendo el tiempo de antigüedad en el trabajo; mientras que en el año 2009 los trabajadores de Bogotá tenían un promedio de antigüedad en sus trabajos de 5.75 años (69 meses), en el 2011 y 2012 pasa a cerca de 5 años. En el caso de 12 principales ciudades, este indicador es superior que en Bogotá, alcanzando 6.08 años (73 meses) y 6 años (72 meses) para los mismos periodos.
Por posición ocupacional, como era de esperarse, mientras que los obreros y empleados de empresas privadas tienen una antigüedad de 3.3 años para el año 2011, los trabajadores por cuenta propia tienen una antigüedad de 6 años. Esta situación muestra una menor estabilidad en el trabajo asalariado y una permanencia en trabajos informales, reforzando la evidencia de que los trabajadores que ingresan al trabajo informal son atrapados allí y presentan una baja movilidad hacia trabajos formales y asalariados.
Igualdad de oportunidades y de trato en el empleo: Promover la igualdad de oportunidades e igualdad de trato en el trabajo es un elemento central a la hora de definir el trabajo decente.
La segregación ocupacional por sexo es un indicador de discriminación en la medida en que es expresión de la tradicional división sexual del trabajo, que subvalora aquellas actividades de tradición doméstica o que provienen y han sido desarrolladas por el trabajo no remunerado de la mujer.
Con el fin de capturar esta segregación se calculó el Índice de Disimilitud de Duncan, Este es el indicador sintético más popular de la segregación. Asume valores entre 0 y 1, donde 0 significa no segregación y 1 segregación ocupacional completa entre los dos sexos; aquí se presenta en términos de porcentaje. Un aumento en el índice de disimilitud se traducirá en una mayor tendencia de los hombres o las mujeres para hacer diferentes trabajos.
Para el 2012 Bogotá presentó un Índice de Disimilitud de Duncan del 48.7%, mientras en el resto de grandes ciudades fue de 51.2% y el resto del país del 59.6%. Como es de esperarse, este índice se mueve muy lentamente en el margen debido al carácter estructural de la división sexual del trabajo y la segregación ocupacional. Así, aunque en Bogotá se apreció una ligera caída de un punto en el indicador entre el 2008 y el 2011, como avance hacia una menor segregación ocupación por sexo, en el último año esta caída se detuvo y subió siete décimas. El resto del país con una mayor segregación, presenta para el período una caída constante de dos puntosen donde un aumento en el índice de disimilitud se traducirá en una mayor proporción de los hombres desempeñando diferentes trabajos.
Para complementar el análisis, un estudio específico sobre segregación ocupacional por género arrojó que hay ocupaciones desempeñadas predominantemente por hombres, como la construcción (96% de participación de hombres), explotación de minas y canteras (85%) y transporte (83%), al igual que otras ocupaciones son desempeñadas primordialmente por mujeres, como es el caso de las relacionadas con servicios sociales (71% de participación femenina) 2.
La proporción de mujeres en empleos administrativos de rango superior y medio3 fue del 47.2% en el año 2012, mostrando una disminución con respecto al 2011, cuando se ubicó en 52.7%. Es necesario profundizar en las causas de que haya menos mujeres en puestos directivos. Por otro lado, el indicador de brecha salarial de género mide la diferencia relativa entre el salario medio por hora de los hombres y el salario medio por hora de las mujeres. En el caso de Bogotá, este indicador ha aumentado en los últimos años, pasando de 15% para el año 2009 al 19% en el año 2012. Si bien, la brecha salarial en Bogotá e mucho menor que para el agregado del país (36%), persisten grandes desafíos. Adicionalmente, se ha evidenciado que aún las ocupaciones en las cuales existe una proporción aproximadamente paritaria de hombres y mujeres hay diferencias en la remuneración entre ellos. Así ocurre en el sector comercio donde el salario promedio de los hombres es $787.550 pesos pero el de las mujeres se ubica en $514.7464
Entorno de trabajo seguro: la dimensión de entorno de trabajo seguro presenta dos tendencias. Por un lado, la tasa de accidentes de trabajo mortales por cada millón de horas trabajadas presentó una disminución para el caso de Bogotá, al pasar de 0.83 en 2008 a 0.69 en 2010. Por otro lado, la cantidad de accidentes de trabajo no mortales por cada millón de horas trabajadas, aumentó en el periodo para el cual hay datos disponibles al pasar de 829 a 863.
Lo anterior significa que hubo más accidentes en general, pero fueron mortales en menor proporción.
Seguridad social: para esta dimensión se midieron dos indicadores. El primero es el porcentaje de población de 65 años y más que percibe una pensión. A pesar de tener las tasa más altas, este indicador para Bogotá tiene una tendencia decreciente en el tiempo (pasó de 36.6% en el 2008 a 32.8% en 2012), lo cual indica un deterioro en este componente de la seguridad social.
El segundo indicador es la proporción de la fuerza laboral o población económicamente activa que cotiza a un fondo de pensiones, que constituye la población que potencialmente podrá contar con seguridad social en pensiones. Bogotá presenta la tasa más alta del país registrando valores de 43% para el 2008 y del 42.7% para comienzos del 2012. Se observa así, una relativa estabilidad de este indicador en el tiempo, sin embargo, es evidente que por lo menos la mitad de los trabajadores se encuentran excluidos del sistema de pensiones y no tendrán protección en la vejez.
Diálogo social y representación de trabajadores y de empleadores: por último, para esta dimensión se midieron dos indicadores. El primero es la tasa de sindicalización. Desde el punto de vista del mercado laboral colombiano, tres fenómenos importantes han tenido un impacto significativo en la organización sindical:
La caída del empleo en el sector manufacturero, el cual pasó de representar el 16.4% del empleo total en el año 1984, al 13.5% en el 2005 y al 12% para el 2012;
ii) la tercerización económica, representada por el crecimiento de los sectores de transporte, comercio y servicios, los cuales pasaron de representar el 44.5% del empleo en 1984, al 58.8% en 2005 y al 62% en el 2012;
iii) La informalidad laboral.
Estos fenómenos, han llevado a una caída sistemática de la organización sindical en Colombia que se refleja en las tasas de sindicalización de los trabajadores, la cual cayó a la mitad durante los últimos veinte años, al pasar de 9.3% del total de ocupados en 1984, al 4.6% en el 2005, según cifras de censos sindicales. En la actualidad, este indicador se sitúa por debajo del 3%.
Conforme con los datos surgidos de las encuesta de hogares –fuente muy diferente a los censos sindicales-, la tasa de sindicalización para Bogotá presenta un leve ascenso, situándose en el año 2012 en 2,6%, después de situarse en 1,3% en el año 2008. Este crecimiento puede deberse más a factores estadísticos de mejor captura de las encuestas que a un efecto real de crecimiento en la organización de trabajadores. Tanto para el 2011 como para el 2012, las tasas de sindicalización más altas las presenta el resto del país con el 2,6% y el 3,1% respectivamente, por lo cual los resultados para Bogotá, a pesar de mostrar un incremento, no son positivos ya que muestran que muy pocos trabajadores participan de estas formas de organización.
En el caso del segundo indicador, tasa de negociación colectiva, se encontró entre los años 2011 y 2012 un importante crecimiento del número de convenios firmados, al pasar de 175 a 237, es decir un crecimiento del 35%. El tipo de negociación más utilizado pactos colectivos de trabajo, las cuales representan la mitad de los tipos de acuerdos.
Es importante conocer la cobertura relativa de los tipos de contratación colectiva, en especial porque el pacto ha tendido en la última década a crecer en detrimento de la convención, y no siempre como resultado de una auténtica negociación entre trabajadores y empleadores. Por lo que es necesario analizar con cautela el incremento significativo en los pactos colectivos, forma de negociación en la que los trabajadores no están organizados, y que generalmente es utilizada por las empresas como estrategia antisindical y para mantener a los trabajadores bajo su completo control.
3. Conclusiones y retos de política
A partir de la revisión de los resultados que arrojó la medición de los indicadores, se pueden enunciar algunas conclusiones y retos de política.
En relación con las oportunidades de empleo, el mercado laboral de la ciudad ha mostrado una dinámica positiva, generando cada vez mayores oportunidades de empleo que se evidencian principalmente en el incremento de la tasa de ocupación, la cual pasó de 58.9% en 2008 a 65.2% en 2012. Sin embargo persisten condiciones de precariedad para un número importante de trabajadores de la ciudad y con grandes diferencias entre grupos poblacionales, en particular en condiciones perjudiciales para las mujeres y los jóvenes, con tasas de desempleo promedio en el 2012 de 11.2% y 17.9% respectivamente.
En el caso de la dimensión de ingresos adecuados se observa que, si bien ha disminuido la cantidad de asalariados con bajos ingresos, que pasó de 10.8% en 2010 a 10.0% en 2012, las remuneraciones medias se han mantenido alrededor de $5,550.
Las dimensiones que tienen que ver con el tiempo que se dedica al trabajo, horas de trabajo decente y conciliación del trabajo, la vida familiar y la vida personal, muestran que los habitantes de la ciudad dedican la mayor parte de su tiempo al trabajo, dejando de lado otras actividades que les permitan conciliar el trabajo con la vida familiar y personal. Esto se evidencia en que el 54.8% del trabajo efectuado en la ciudad durante el año 2012 fue no remunerado. Adicionalmente, la tasa de trabajadores en jornadas laborales excesivas se ubicó en 61.4% para el mismo periodo.
El trabajo infantil ha disminuido, pasando de 11% en 2011 a 7.5% en 2012, pero necesariamente debe desaparecer, por lo cual se requiere la implementación de medidas distritales coordinadas para atender esta problemática.
La dimensión de estabilidad y seguridad en el trabajo en la ciudad refleja la realidad nacional en términos de política laboral: las relaciones laborales son de poca duración, lo cual se evidencia en la tasa de antigüedad en el trabajo que ha disminuido hasta alcanzar 60 meses en 2012, y en la tasa de empleo precario, que muestra que el 30% de los trabajadores tiene contratos de trabajo de duración relativamente corta, de término fijo o puede ser terminado con un breve aviso.
Esto representa un reto para la PPDTD en la medida en que manifiesta la necesidad de contar con instrumentos que garanticen la cobertura de los sistemas de protección social para las personas cuya situación laboral sea fluctuante. Esta aseveración se relaciona también con los resultados obtenidos para la dimensión de seguridad social: la baja cantidad de personas cotizando para pensión en la actualidad serán futuros demandantes de servicios por parte del gobierno, tanto nacional como distrital, por lo cual los instrumentos de política deben tener un carácter prospectivo.
Con respecto a la dimensión de entorno de trabajo seguro, como se señaló, muestra que en general hubo más accidentes, representado en un incremento de 829 a 863 accidentes no mortales por millón de horas trabajadas, pero que fueron mortales en menor proporción, lo cual se evidencia en la disminución de 0.83 a 0.69 accidentes mortales por millón de horas trabajadas.
En relación con la dimensión de igualdad de oportunidades y de trato en el empleo, los resultados obtenidos evidencian que el mercado laboral bogotano presenta una segmentación de género, evidenciada en un Índice de Disimilitud de Duncan de 48% y caracterizada por la existencia de trabajos predominantemente masculinos y de otros predominantemente femeninos. Adicionalmente se observan diferencias en las remuneraciones cuando se desempeñan los mismos cargos. Revertir estas dinámicas es uno de los principales retos de la política.
Finalmente, la dimensión de diálogo social y representación de trabajadores y de empleadores presenta otro de los grandes retos que debe atender la PPDTD. La baja organización social para los temas laborales (tasa de sindicalización de 2.6%) puede explicar, en parte, que las otras dimensiones presenten valores muy susceptibles de mejorar.
Estos resultados permiten definir los principales énfasis que debe tener la PPDTD, que son:
Diálogo social: La inmensa desprotección colectiva del trabajo es una gran carencia del trabajo decente en Colombia en general y de Bogotá en particular. La ciudad presenta un déficit en dos sentidos. Primero, en términos de información disponible: de los cuatro indicadores principales seleccionados, sólo se dispuso de información para la estimación de uno de ellos; segundo, el indicador de tasa de sindicalización para Bogotá sólo cobija al 2,7% de la población ocupada. La problemática asociada con el diálogo social tiene un decisivo impacto en los déficits de las demás dimensiones, por lo cual la generación relevante sobre el tema y las políticas que promuevan la articulación tripartita de la ciudad deben ser prioritarias.
Informalidad: el incremento en la ocupación de baja calidad es un fenómeno que muestra de carácter estructural de la informalidad y no cede ante el impulso de la generación de trabajo, por lo cual se requiere plantear medidas alternativas.
Segregación de género: las brechas de género en la ocupación, en los salarios y en el tipo de ocupación que presenta Bogotá, entre otras variables, si bien son las más bajas del país, siguen siendo una discriminación en oportunidades y un déficit de trabajo decente, que debe buscar reducirse aún más hacia el futuro.
Protecciones sociales: los bajos niveles de acceso y cobertura a los sistemas de protección social reflejan la precarización laboral, pero también configuran restricciones al ejercicio de los derechos de las personas y riesgos a futuro. Es necesario diseñar instrumentos que permitan el acceso a estos sistemas para toda la población, según sus necesidades específicas y acorde con los recursos disponibles.
Jóvenes que no están estudiando ni trabajando (“ninis”) y trabajo infantil: el problema estructural del empleo en la ciudad está relacionado con la formación de la población y con su posibilidad de encontrar trabajos en condiciones de calidad. Por lo anterior, y teniendo en cuenta que se trata de una vulneración flagrante de los derechos humanos, la abolición del trabajo infantil debe ser una prioridad.
Adicionalmente, el que haya jóvenes que no estén trabajando ni estudiando (19.9% en el 2012) representa un gran reto de política.
En términos institucionales, otro de los grandes retos de la PPDTD es lograr una articulación institucional adecuada, que permita implementar medidas conjuntas, de acuerdo con las competencias de cada una de las entidades, tanto distritales como nacionales, que inciden en el mundo del trabajo. El logro de los objetivos del trabajo decente en la ciudad, requiere del concurso de diversas entidades distritales.
Adicionalmente, en general Bogotá presenta mejores resultados en todos los indicadores de Trabajo Decente que el resto de ciudades del país, tema que será analizado en detalle en una próxima Nota Editorial. Sin embargo, persisten problemáticas que deben ser de especial atención dentro del marco del proceso de formulación e implementación de la Política Pública Distrital de Trabajo Decente.
Finalmente, es necesario también contar con instrumentos adecuados de gestión que permitan la implementación y el seguimiento adecuados para la política. El ODT es un primer paso en esta dirección.
Uniéndose a la voz de los trabajadores y al enfoque promulgado por la OIT, el Plan de Desarrollo Bogotá Humana para el período 2012-2016 contiene un mandato contundente: “generar trabajo decente y digno se convertirá en el principal mecanismo para que la población bogotana pueda gozar con autonomía de sus derechos”1. Lo anterior se encuentra enmarcado en el primer eje del Plan de Desarrollo, ‘Una ciudad que supera la segregación y la discriminación: El ser humano en el centro de las preocupaciones del desarrollo’, el cual plantea eliminar las barreras que le impiden a las personas elegir y construir sus proyectos de vida.
Con esta apuesta Bogotá da un gran paso para proyectarse a nivel internacional –por la importancia que el trabajo decente ha adquirido a escala global- y para sentar las bases en la construcción de políticas laborales de avanzada en el resto del país. Se trata de reenfocar las políticas laborales de la ciudad, priorizando la calidad del trabajo y su contribución al desarrollo de una vida digna.
Teniendo en cuenta que uno de los mandatos del Plan consiste en diseñar e implementar una Política Pública de Trabajo Decente y Digno, la SDDE considero necesario construir un sistema de información que permita monitorear las condiciones del Trabajo Decente en la ciudad, para esto se diseñó el Observatorio de Trabajo Decente, como un componente del Observatorio de Desarrollo Económico, el cual tiene entre sus objetivos gestionar de manera continua información sobre los distintos componentes y dimensiones del Trabajo Decente, que orienten la formulación y desarrollo de la política.

Compartir este artículo