En el 2013 mejoró la calidad de vida de la población bogotana

Autor: 
Ana María Valencia Mosquera

Si bien no existe un concepto único de calidad de vida, la definición que ha primado en Colombia es la que se deriva de los estudios realizados por el Departamento Nacional de Planeación (DNP), enfocados en factores cuantitativos referentes al ingreso y las condiciones físicas de la vivienda y el entorno (acceso a servicios públicos, privados y comunales, salud, educación, cuidado de los niños, etc.), sin considerar variables de carácter cualitativo.

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Foto:OdeBogotá

Si bien no existe un concepto único de calidad de vida, la definición que ha primado en Colombia es la que se deriva de los estudios realizados por el Departamento Nacional de Planeación (DNP), enfocados en factores cuantitativos referentes al ingreso y las condiciones físicas de la vivienda y el entorno (acceso a servicios públicos, privados y comunales, salud, educación, cuidado de los niños, etc.), sin considerar variables de carácter cualitativo. En este sentido Amartya Sen lo expresaba claramente al decir que “el concepto de calidad de vida se centra en la forma en que transcurre la vida humana y no solo en los recursos o en la renta que posee un individuo” (Sen, 2004). Tener buena calidad de vida significa contar con los factores materiales, ambientales, de política gubernamental y de relacionamiento con las otras personas y el entorno, que resultan satisfactorios según los estándares generales de una sociedad. Además es fundamental el bienestar subjetivo, que incluye la satisfacción que experimentan las personas con la forma como viven y desarrollan sus capacidades.

Adicionalmente, cuando los resultados obtenidos en calidad de vida son positivos y sostenibles en el tiempo y acordes a los cambios experimentados por las ciudades, se necesita que la distribución de la riqueza sea justa y se cierren brechas de segregación y exclusión. Es decir, que la búsqueda de la equidad es una condición necesaria para mejorar la calidad de vida de los habitantes de la ciudad (Jimenez & Gonzalez, 2014).

Bogotá por ser la capital de Colombia, es el principal centro demográfico, económico, político y cultural del país. En el año 2013 contaba con 7.683.724 habitantes[1], lo que la con- vierte en la más grande aglomeración poblacional, sumado a que dos de sus localidades Suba (1.120.342) y Kennedy (1.042.080) superan en número de habitantes a ciudades colombianas como Bucaramanga, Cartagena y Manizales. Adicionalmente es la novena ciudad más densa del mundo con 22.980 habitantes por kilómetro cuadrado, superando a Lima, Caracas, Ciudad de México, Sao Paulo y Santiago.

Además de estos aspectos demográficos, Bogotá se destaca por ser la ciudad con el mayor ingreso per cápita en el país ($953.682 pesos mensuales). Cuenta con las menores tasas de analfabetismo, pobreza monetaria de sus habitantes y tiene los más altos niveles de cobertura y provisión de servicios públicos. La economía bogotana representa cerca de la cuarta parte del PIB Colombiano. Todas estas cifras si bien muestran avances en la ciudad, también implican retos muy importantes para la Administración Distrital, por dos razones: la creciente migración hacia Bogotá de personas de otras partes de Colombia por distintos factores (desplazamiento, búsqueda de mejores oportunidades de empleo e ingresos, entre otros) y el alto nivel de segregación social existente al interior de la capital.

En Colombia, la medición de las condiciones de vida se ha realizado principalmente a partir de la Encuesta de Calidad de Vida – ECV – del DANE[2], que incorporó la metodología (The Living Standards Measurement Study - LSMS-) del Banco Mundial, que tiene su motivación en la necesidad de profundizar en el estudio de las características de la población pobre, que implican otras dimensiones del bienestar, como aquellas relacionadas con salud, educación, actividades laborales, tenencia de bienes en el hogar, etc. (DANE, 2009).

Aunque la Encuesta de Calidad de Vida[3] contiene un gran número de variables (aproximadamente cuatrocientas), en este documento se analizan los indicadores tenidos en cuenta por el índice de Condiciones de Vida –ICV–, con el propósito de “priorizar” o “sintetizar” los aspectos que han sido considerados por distintas instancias como los más relevantes para expresar la calidad de vida de una ciudad o región. El ICV es un indicador del estándar de vida que combina variables de acumulación de bienes físicos, medido a través de las características de la vivienda y acceso a los servicios públicos domiciliarios, con otras que miden el capital humano presente y potencial a través de la educación del jefe de hogar y de los mayores de 12 años y el acceso de niños y jóvenes a los servicios escolares. Finalmente, también se toma en cuenta la composición del hogar, como hacinamiento y proporción de niños menores de 6 años en las familias (DNP, Boletín SIDD 37) (Cuadro 1).

Cuadro 1. Dimensiones y variables - Índice de Condiciones de vida

Dimensiones

Indicadores

Características de  la vivienda

Material predominante de los pisos de la vivienda

Material predominante de las paredes de la vivienda

Infraestructura

Eliminación de excretas

Abastecimiento de agua

Combustible para cocinar

Recolección de basuras

Educación

Escolaridad máxima del jefe del hogar

Escolaridad promedio personas de 12 y más años

Proporción de jóvenes 12-18 que asisten a secundaria/universidad

Proporción niños 5-11 años que asisten a un establecimiento educativo

Composición del hogar

Proporción de niños menores de 6 años en el hogar

Hacinamiento en el hogar (# de personas por cuarto)

Fuente: Sarmiento & DNP (2010)

Debido a que no existe un cálculo oficial del ICV para años posteriores a 2010[4], en la presente nota editorial se analizarán los resultados de cada una de los indicadores de las cuatro dimensiones de dicho índice (características de las viviendas, infraestructura,  educación y composición del hogar) usando información proveniente de las últimas Encuestas de Calidad de Vida[5], realizadas en los años 2012 y 2013.

Características de la vivienda

Al analizar las características de las viviendas de los hogares bogotanos, las dos variables más relevantes son: material predominante de los pisos y las paredes de la vivienda. Precisamente la medición del déficit de vivienda que realiza el DANE[6] considera el material predominante de las paredes, debido a que las “viviendas construidas con materiales transitorios o precarios no permiten estabilidad de la vivienda, ni cumple con el objeto de brindar protección y abrigo a sus moradores.”

Se consideran de baja calidad los pisos en tablón o tierra y bahareque sin revestir, guadua, madera, o tela, en el caso de las paredes (Szalachman, 1999). La Encuesta de calidad de vida 2013, muestra que en la ciudad de Bogotá, el material predominante de las paredes de las viviendas es el bloque, ladrillo, piedra o madera pulida (98,3%). Todavía hay en la ciudad una mínima proporción (0,05%) de viviendas cuyas paredes están hechas de zinc, plástico o latas (tugurios). Con respecto a los pisos, el 78,8% de las viviendas ubicadas en la capital tienen pisos de baldosa, vinilo, tableta o ladrillo y el 9,2% lo tienen de cemento o gravilla. Aún persisten en la ciudad viviendas con pisos de tierra o arena, aunque la cantidad de éstas es mínima (0,1%).

Infraestructura

Esta dimensión tiene en cuenta cuatro importantes aspectos que son: la eliminación de excretas, el abastecimiento de agua, el combustible para cocinar y la recolección de basuras. Las excretas son residuos humanos que contienen gérmenes y parásitos, que al salir del cuerpo representan un foco de infección que es conveniente alejar de las personas, los insectos, el agua y demás animales. La importancia de tener un adecuado sistema de eliminación de excretas radica en la capacidad que tienen estas de producir enfermedades cuando en su proceso de descomposición se ponen en contacto con los seres huma- nos. En este sentido, el servicio de alcantarillado que es el sistema de estructuras y tuberías usado para transportar aguas residuales y desechos fecales, es el sistema más seguro para garantizar la correcta eliminación de excretas.

En la ciudad de Bogotá, el 99,8% de los hogares tienen acceso al servicio de alcantarilla- do y el tipo de sanitario que más prolífera es el inodoro conectado a este servicio público (99,7%). En la ciudad no se presentan hogares con letrina, con bajamar o sin servicio sanitario. Con respecto al total nacional, Bogotá supera en 7,4 puntos a las cabeceras de Colombia en el acceso a este importante servicio (92,4% vs 99,8%).

En lo referente al abastecimiento de agua, el 99,9% de los hogares capitalinos tienen acceso al servicio de acueducto que significa el acceso a agua para el consumo humano. La principal fuente de aprovisionamiento del líquido para preparar alimentos, es el acueducto público de la ciudad (99,2%).

El otro indicador de las características de la vivienda es el combustible que usan los hogares para cocinar. En este aspecto, Bogotá también presenta cifras positivas, pues el acceso a un sistema seguro y eficaz como el gas natural conectado a red pública es 90%, 0,6 puntos porcentuales más que en 2012, cuando la cobertura era de 89,4%. Consecuentemente, los hogares bogotanos usan principalmente gas natural (91,3%)[7] para preparar alimentos, aunque el 6,7% usan gas propano que se comercializa a través de cilindros o pipetas.

Finalmente, la recolección de basuras en Bogotá alcanza el 100%, y en un 99,9% es re- cogida por empresas que prestan el servicio de aseo. Un oportuno, eficaz y universal sistema que recoja los residuos que diariamente generamos, contribuye a tener lugares con un ambiente sano libre de focos de contaminación que generen enfermedades principalmente las gastrointestinales y parasitarias. Esta actividad permite reducir el número de insectos y roedores vectores de enfermedades, a los que la basura orgánica y de otro tipo proporciona alimentos, lugares para anidar y criaderos (OMS, 1990).

Al comparar las cifras de cobertura en servicios públicos existentes en las áreas urbanas del país, respecto a las registradas en Bogotá en la ECV, se evidencia que las mayores brechas se encuentran en gas natural (72,4% vs 90%), alcantarillado (92,4% vs 99,8%) y acueducto (96,8% vs 99,9%). No obstante, dado que en la capital del país se evidencian las más altas coberturas en servicios, la prioridad en materia de política pública se debe direccionar hacia una mejor calidad en la prestación de dichos servicios, máxime cuando la provisión de acueducto y alcantarillado, en su totalidad, y el de recolección de basuras, parcialmente, está en manos de la Administración Distrital (Gráfica 1).

Educación

La dimensión de educación contempla los indicadores de escolaridad máxima del jefe de hogar, escolaridad promedio de personas de doce años y más, la proporción de jóvenes de doce a dieciocho años que asisten a secundaria o universidad y la proporción de niños de cinco a once años que asisten a un establecimiento educativo. Estas variables buscan estimar el capital humano individual existente en la ciudad y el país.

El nivel educativo de los jefes de hogar es una de las principales dotaciones de las familias para lograr mejores ingresos económicos. Estudios reconocidos como el realizado en 2012 por el CEDE de la Universidad de los Andes, muestran la relación positiva que existe entre ingresos de los hogares y la escolaridad del jefe del hogar. De hecho la mayor proporción de las familias más pobres tienen jefes de hogar sin ninguna escolaridad o que máximo han completado educación primaria (Ferreira & Meléndez, 2012). Esta situación corrobora que la educación es el factor que más contribuye en las diferencias salariales en las ciudades y países y es una herramienta efectiva que tienen las personas más po- bres para vencer su situación de miseria y marginalidad

La escolaridad mínima aceptada es la secundaria incompleta, es decir, nueve años de educación que corresponden en el sistema colombiano a haber aprobado el grado noveno. En Bogotá, los jefes de hogar alcanzan un nivel de escolaridad máximo que oscila entre la básica primaria (grados 1º a 5º) y la educación media (grados 10º y 11º). Efectivamente, mientras que el 25,2% de los jefes de hogar había alcanzado cursar educación media, el 22,4% llegaron hasta básica primaria y un porcentaje menor (16,4%) básica secundaria (grados 6º a 9º). Adicionalmente, se destaca que el 10,1% de los jefes alcanzaron la universidad con título. La educación media y tecnológica, presentaron avances importantes en 2013 con respecto al año anterior, de 1,9 y 0,8 puntos respectivamente (Gráfica 2).

La escolaridad promedio de personas de doce años y más corresponde al nivel de formación media vocacional (29,4% de los habitantes en este rango de edad), donde las personas han estudiado aproximadamente diez u once años en promedio. El 20% de ellas lograron llegar hasta la básica primaria y el 16,5% hasta la básica secundaria.

Justamente las personas de 12 años y más corresponden a la Población en Edad de Trabajar, es decir, la “oferta potencial” de mano de obra, por tanto conocer su nivel de formación es de vital importancia para el desarrollo de la ciudad, pese a que cuando las labores (remuneradas o no remuneradas) son realizadas por personas con edades entre 12 y 18 años, se habla de trabajo infantil, según lo definido por la OIT.

En general la educación permite acceder a mejores puestos de trabajo con mayor remuneración. Muchos jóvenes dejan el colegio por tener que trabajar, por lo que la vinculación de la niñez y la adolescencia al sistema educativo se convierte en un elemento prioritario al diseñar la política pública para la erradicación del trabajo infantil. Sin embargo, la deserción estudiantil solo se presenta bajo ciertas condiciones laborales caracterizadas por la explotación, donde confluyen actividades que exigen un uso inconveniente de la fuerza, horarios excesivos, etc. (DANE, 2008).

Por otra parte, en la ciudad de Bogotá, 94,8% de los jóvenes de edades entre 12 y 18 años, están matriculados en el nivel de secundaria, media y universidad, cifra similar a la obtenida en el año 2012 (94,9%). Si desagregamos esta cifra, observamos que las personas de este rango de edad que están estudiando, 59,7% asiste a la secundaria, el 26,7% a la media vocacional y 8,3% a la universidad. Cabría preguntarse qué está sucediendo con los adolescentes que no están asistiendo a ninguno de estos niveles de educación (12,2%[8]8). Puede que estén fuera del sistema educativo o que presenten un grado importante de rezago escolar.

Por último, se indaga sobre la asistencia de los niños de cinco a once años a un estable- cimiento educativo. El 97,3% de los niños en este rango de edad asiste a la escuela. El 69,7% está matriculado en el nivel de básica primaria, el 22,6% en preescolar y 7,7% en básica secundaria. La asistencia escolar de niños y niñas es un indicador que refleja desarrollo de un país, pues a medida que ellos van avanzando en su formación académica, los beneficios sociales de la educación - materializados en mayor productividad social, y su impacto en el ingreso nacional – van aumentando para la nación.

La asistencia escolar refleja además condiciones socioeconómicas de los hogares, la efectividad de las políticas públicas de primera infancia y la importancia o valoración que los padres de familia y estudiantes asignan a la educación. Esta variable contempla las edades de cinco a once años, dado que es la edad promedio en la cual los niños cursan los grados que corresponden a la básica primaria, nivel de formación académica en la cual se asegura la completa alfabetización[9] y proporciona a todos los alumnos una formación común que desarrolla las capacidades cognitivas y motrices. Adicionalmente, en la primaria se consolida la autoestima, formación de identidad y relacionamiento social.

Composición del hogar

En la composición del hogar se busca determinar la proporción de niños menores de seis años y el nivel de hacinamiento. En Bogotá, vivían 716.733 niños y niñas menores de seis años, en 584.318[10] hogares. Lo anterior significa que 75,2% de las familias en la ciudad no tiene niños en primera infancia. Este dato muestra cambios en la pirámide poblacional bogotana, dado que en 1997, la cifra era de 66,2% y en 2010 subió a 70,8%. Este indicador es importante porque el número de niños menores de seis años aumenta la dependencia económica, incrementa los gastos del hogar y plantea intervenciones específicas en términos de política pública.

De la misma forma, el hacinamiento es conocido como la situación de precariedad habitacional en la cual viven tres o más personas por cuarto[11], excluyendo la cocina y el baño. Los hogares en esta condición, son considerados en déficit de vivienda. Esta situación perjudica la calidad de vida porque, dado que la cantidad de personas que habitan un determinado lugar es mayor a la capacidad de este espacio para albergarlos, se presentan situaciones de incomodidad, inseguridad y falta de higiene. El hacinamiento se presenta, en gran medida, en contextos de pobreza, donde por ejemplo, los hijos con sus familias deben regresar a la casa de los padres ante la imposibilidad de poder acceder a una vivienda para ellos; hogares desplazados, entre otros. Mientras que en 2012 el 8,7% de los habitantes de Bogotá, vivían en hacinamiento, en 2013, esta cifra disminuyó 0,5 puntos porcentuales.

Conclusiones

Al considerar las dimensiones del Índice de Condiciones de Vida (ICV), para la ciudad de Bogotá, se puede inferir que la calidad de vida en Bogotá mejoró entre 2012 y 2013, presentando avances en la mayoría de indicadores en gran medida como resultado de las políticas sociales de la Administración Distrital. Si bien el DANE ha hecho un esfuerzo importante al cambiar frecuencia de aplicación de la Encuesta de Calidad de Vida, pues a partir de 2010 empezó a hacerse con periodicidad anual; es necesario implementar una metodología oficial para el cálculo de un índice que sintetice la calidad de vida de los habitantes del país, Bogotá y las distintas regiones, de acuerdo con la cobertura geográfica de la ECV. En este sentido, se sugiere que el DANE, conjuntamente con el Departamento Nacional de Planeación, entidad que ha realizado avances importantes en el tema, calcule anualmente el Índice de Condiciones de Vida, indicador que presenta ventajas metodológicas y prácticas en la síntesis de la calidad de vida de la población.

Aunque la proporción de hogares que habita en casas con materiales precarios en las paredes es mínimo (0,05%), es necesario avanzar en la erradicación de asentamientos precarios, a través de la promoción de proyectos de Vivienda de Interés Prioritaria (VIP) y de otros programas, como el de reubicación de viviendas en riesgo.

Si bien la capital del país cuenta con coberturas casi absolutas en términos de acceso a servicios públicos, es necesario mejorar la calidad de dichos servicios, más cuando el acueducto, alcantarillado y aseo, están total o parcialmente en manos de la Administración Distrital.

Teniendo en cuenta que la educación es uno de los instrumentos más importantes con que cuentan los países para reducir la pobreza y la inequidad, asegurar movilidad o ascenso social de las personas menos favorecidas, sentar las bases del crecimiento económico sustentable, construir sociedades democráticas y economías dinámicas y globalmente competitivas (DNP, 2005), es pertinente seguir desarrollando estrategias para evitar la deserción escolar y para que la población en general y particularmente los jefes de hogar, alcancen mayores niveles de escolaridad.

Finalmente, se puede afirmar que los buenos resultados en materia de calidad de vida, tendrán un efecto directo en las cifras de pobreza multidimensional, la cual estudia cinco dimensiones que son condiciones educativas, salud, trabajo, niñez y juventud y condiciones de las viviendas. Los programas para proveer bienes y servicios por parte de la Administración Distrital han demostrado eficacia en el mejoramiento de las condiciones de vida y por tanto en la disminución de la pobreza en la capital.

[1] Encuesta de calidad de vida 2013

[2] Esta medición de calidad de vida, enfocada a entender la pobreza, difiere metodológicamente de otras mediciones como la que realiza la organización “Bogotá cómo vamos”, que incluye entre otros indicadores, los relacionados con activos de las personas, hábitat urbano, cultura y responsabilidad ciudadana, buen gobierno, y desarrollo económico y competitividad (http://www.bogotacomovamos.org/).

[3] Con representatividad para el total nacional, cabecera y resto y por regiones. Bogotá es tomada como una región en la cual solo se presentan datos para cabecera y total.

[4] El ICV ha sido calculado por el Consejo privado de Competitividad, la Veeduría Distrital, la Secretaría de Planeación de Bogotá y el Departamento Nacional de Planeación. Sin embargo todos estos cálculos son para años anteriores a 2011.

[5] Los anexos y microdatos de la ECV se pueden encontrar en la página del DANE: www.dane.gov.co

[6] Metodología Déficit de Vivienda. DANE, 2009.

[7] Dado que en una vivienda puede habitan más de un hogar, la proporción de acceso a gas natural conectado a red pública suele ser menor, que el porcentaje de hogares que usan el servicio para preparar alimentos.

[8] Del total de jóvenes de 12 a 18 años que viven en Bogotá en 2013

[9] Además de aprender a leer y escribir, incluye también el poder de analizar textos, desarrollar cálculo básico y tener algunos conocimientos culturales y del entorno.

[10] En Bogotá existen 2.357.679 hogares

[11] Esta definición es para hogares urbanos. Con respeto a los hogares rurales el hacinamiento corresponde a más de tres personas por cuarto.

 

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