Educación, primera infancia y competitividad

Autor: 
Ana María Valencia Mosquera

El sector productivo necesita fuerza laboral calificada que asimile los adelantos tecnológicos y participe activamente de los cambios que permitirán a la economía nacional insertarse de forma más exitosa y rápida a la economía internacional.

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Fotografo ODE

Educación, primera infancia y competitividad

Es un hecho comúnmente aceptado que la educación, en todas las etapas del ciclo vital, constituye un motor de crecimiento y desarrollo económico de un país. Esto significa que la educación es una herramienta eficaz para aliviar la pobreza y mejorar la calidad de vida de las personas, pues además de generar logros individuales o privados, proporciona beneficios públicos, en la medida en que las personas dependen menos de ayudas estatales, tributan más, ascienden socialmente, son más productivas y ejercen de forma más responsable sus derechos políticos y cívicos.

El sector productivo necesita fuerza laboral calificada que asimile los adelantos tecnológicos y participe activamente de los cambios que permitirán a la economía nacional insertarse de forma más exitosa y rápida a la economía internacional. La cualificación de la fuerza laboral del país repercute en la productividad de los trabajadores y en la competitividad de la industria y el sector productivo. Sin desconocer otros factores, podemos decir que el crecimiento y el desarrollo económico solo son posibles en la medida en que los gobiernos nacionales saquen adelante políticas enfocadas a construir un sólido modelo educativo que permita disfrutar de las externalidad positivas[1] que un factor como la educación suele generar.

Esta nota editorial se centra en las políticas públicas a favor de la primera infancia, como factor determinante de la competitividad, la productividad y, por ende, del crecimiento económico. Buscamos así, explorar cómo la inversión en capital humano resulta fundamental para el desarrollo de los niños, y por lo tanto para el desarrollo de la sociedad. Muchos recursos económicos se han invertido en diferentes programas en nuestro país, buscando ampliar la cobertura para la asistencia de más niños[2] a la escuela primaria, secundaria y a la formación universitaria. Según la coyuntura, funcionarios encargados de ordenar gasto definen para qué rubro deben destinarse la mayoría de los recursos.

Buscamos así enfatizar con respecto a los jardínes infantiles, que aunque estos espacios suelen concebirse como lugares donde las madres trabajadoras dejan a sus hijos, mientras ellas se encuentran laborando, estos deben más bien entenderse siempre como espacios clave en el desarrollo cognitivo y psicosocial de los niños, y que deben estar acompañados de un plan integral en infraestructura, capacitación de docentes o cuidadores, diseño curricular, etc. La educación, principalmente la que se brinda en la primera etapa del ciclo de vida, es la manera más efectiva de romper círculos de pobreza, dados los elevados beneficios económicos que reporta para las personas y su entorno social. De hecho, diversos estudios experimentales han calculado que un año extra de educación primaria aumentará el salario futuro de una persona entre 10% y 30% (Van der Gaag & Peng Tan, 2005)

La literatura se ha ocupado últimamente del tema de la primera infancia. Académicos tan prestigiosos como Heckman, Van Der Gaag y en Colombia, Raquel Bernal, han estudiado la importancia de crear programas y proyectos dedicados a potenciar las capacidades y el desarrollo de los niños durante la primera infancia, etapa del ciclo de vida comprendida entre el nacimiento y los seis años de edad[3]. Según las investigaciones, durante el primer año de vida se presenta el mayor desarrollo del cerebro (cognitivo y no cognitivo), a través de un proceso denominado sinapsis[4], en el cual las células se interconectan para funcionar eficientemente durante el nacimiento y los tres años de edad (Bernal & Camacho, 2010).

Además de la estimulación neuronal, los primeros años de vida resultan fundamentales para el fortalecimiento del tejido social, a través de la aprehensión de valores, prácticas, tradiciones culturales, familiares y comunitarias. También se adquieren conceptos básicos sobre la ética y las relaciones interpersonales, al entenderse el niño como parte de una colectividad pero también como un ser único y valioso. Otro factor muy importante que motiva la inversión en programas integrales para la primera infancia son los efectos positivos que produce a la hora de disminuir el comportamiento criminal y antisocial, que puedan desarrollar los infantes en el futuro. En este sentido, se trata de un factor primordial, en la medida en que se busca atacar desde la raíz la probabilidad de que, por ejemplo, los niños bogotanos vean minadas sus oportunidades y caigan en flagelos de violencia, marginalidad y delincuencia.

Los programas dirigidos a la primera infancia cuentan con un componente nutricional, que se explica por las deficiencias para aprender derivadas del hambre o de una alimentación insuficiente e inadecuada. Los efectos de este flagelo se manifiestan en el poco desarrollo de capacidades motoras, cognitivas y socioemocionales de los niños en el corto y largo plazo. La desnutrición infantil disminuye la capacidad de aprendizaje, rendimiento escolar y por ende en sus oportunidades de mayores niveles educativos y así mismo de una mayor productividad económica futura. (Para identificar mejor la forma como se definen los objetivos de política y los instrumentos para lograrlos, consultar el cuadro 1).

Con un Coeficiente Gini de 0.497 en Bogotá, sigue siendo prioritario trabajar en el cierre de brechas de desigualdad económica y social; es en la primera infancia donde se pueden reducir de forma más efectiva las diferencias, inequidades y desequilibrios presentes en la infancia y que van a determinar que algunos niños tengan más oportunidades de autorrealización que otros.

Situación actual de la niñez en Bogotá

En Bogotá viven aproximadamente 719,705 personas en primera infancia que representan 9.3% de la población total de Bogotá, y de las cuales 351,076 son niñas y 368,629 niños. Más del 76% reside en estratos uno y dos y el 50% de ellos viven en localidades como Kennedy, Suba, Ciudad Bolívar, Engativá y Bosa. Tomando como base el Boletín No 54 de la Secretaría Distrital de Planeación que aborda el índice sobre condiciones de la primera infancia en Bogotá (Septiembre 2013) y la Encuesta Multipropósito para la ciudad (2011), se presentan las siguientes variables que dan cuenta de la situación de la primera infancia en el Distrito a finales de 2013.

Salud

  • La tasa de mortalidad en niñas y niños menores de cinco años, pasó de 12.1 por 1,000 nacidos vivos en el año 2011 a 9.6 a diciembre de Esto significa que los casos de mortalidad infantil bajaron de 1,283 a 986.
  • La Mortalidad materna, disminuyó 41.4%, pasó de una razón de 38.6 por 100,000 nacidos vivos en el 2011 a 23.5 por 100,000 nacidos vivos a diciembre de 2013. Es decir, se pasó de 41 muertes en 2011 a 24 en 2013, constituyéndose en la reducción más importante en la década tanto en Bogotá como en Colombia.
  • La Mortalidad perinatal, disminuyó en un 61.1%, pasó de una tasa de 36.2 por 1,000 nacidos vivos en 2011 a 14.6 por 1,000 nacidos vivos a diciembre de 2013. Es decir disminuyeron los casos de 3,843 en 2011 a 1,494 en 2013.
  • La Mortalidad por neumonía en menores de cinco años, disminuyó 33.9 %, pasó de una tasa de 10.9 por 100,000 menores de cinco años en 2011 a 7.2 por 100,000 menores de cinco años a diciembre de 2013. Es decir disminuyeron los casos de 65 en 2011 a 43 en 2013. A la fecha ya se cumplió la meta a 2016.
  • En Bogotá, no se presentó ningún caso de mortalidad por desnutrición en niños menores de cinco años en 2013. Sin embargo el indicador de desnutrición crónica se mantiene en 10.5% en la ciudad, y se eleva en localidades como Santafé (14%), Usme (13.5%), Rafael Uribe Uribe (13.4%) y seis localidad más.
  • El 12.9% de los niños recibió lactancia materna por cuatro meses o más desde su nacimiento, cifra que llama la atención, pues la recomendación de las instituciones en salud es que la lactancia materna exclusiva sea hasta los seis meses y la complementaria hasta los dos años. Está demostrado que la lactancia materna exclusiva contribuye a evitar infecciones, enfermedades, alergias, desnutrición, obesidad, etc., además de fortalecer el vínculo afectivo y garantizar el desarrollo y la inteligencia de los bebés.
  • Desarrollo

    • En cuanto a los controles prenatales[1] que hacen las madres gestantes, 87% de ellas en promedio asisten a cuatro o más controles.
    • En Bogotá, el 91% de los niños tiene completo el carné de vacunas.
    • En promedio 93.5% de los niños en primera infancia se encuentran afiliados al sistema de seguridad social en salud.
    • El 40.1% de la población infantil asiste a establecimientos privados, tales como guarderías, preescolares y jardines infantiles. Le siguen los lugares que corresponden al ICBF (27.7%); y las guarderías, hogares y jardines oficiales (16.2%). (Uso del tiempo, 2012-2013)
    • Según la Encuesta de uso del tiempo, la razón principal por la cual los niños del Distrito Capital no asisten a algún programa de atención a la Primera Infancia es porque sus padres prefieren cuidarlos en la casa (97.4%).
    • El 16.2% de la población infantil es atendida por el Distrito a través de los jardines infantiles, casas vecinales y otras guarderías, preescolares y jardines oficiales.

    [1] Conjunto de acciones y procedimientos sistemáticos y periódicos, destinados a la prevención, diagnóstico y tratamiento de los factores que puedan condicionar morbimortalidad materna y perinatal. Mediante el control prenatal, podemos vigilar la evolución del embarazo y preparar a la madre para el parto y la crianza de su hijo.

  • Protección - seguridad

    • En promedio, 10.2% de los niños en Bogotá viven en hacinamiento crítico y esta situación supera este porcentaje en La Candelaria, Puente Aranda, Antonio Nariño, Mártires, Barrios Unidos, Suba y Engativá.
    • En promedio, 70.2% de la niñez bogotana vive muy cerca de lugares que los ponen en riesgo como basureros, expendios de drogas y prostíbulos.
    • En cuanto a la niñez en situación de desplazamiento, en Bogotá había 399 niños en esta situación en 1998, aumentando este número a 2,358 en 2011 y disminuyendo nuevamente a 10,995 en 2013, distribuidos en todas las localidades de la ciudad, lo que significa que 1.5% del total de la población de primera infancia en Bogotá se encuentra actualmente en situación de desplazamiento.

    Al analizar la situación de la niñez bogotana, hay que tener en cuenta otras variables que impactan la calidad de vida de la población infantil, y que a veces no son tenidas en cuenta.

    Por ejemplo, la encuesta multipropósito 2011 revela que  en estratos dos y tres unos 200,000 hogares han sido víctimas de algún hecho delictivo y muchos niños terminan por ser los más afectados. En términos de pobreza, los  niños también sufren de forma más directa los efectos por ejemplo de las malas condiciones del hogar (hacinamiento en los hogares, grietas en las paredes y humedad) que potencian la aparición de enfermedades como neumonía, alergias y diarrea.

    Bogotá Humana y la primera infancia

    La administración distrital, a través del Plan de desarrollo 2012-2016 Bogotá Humana, le ha dado prioridad al desarrollo de la primera infancia, entendiendo que la inversión en esta etapa es la que permite cerrar brechas de segregación y desigualdad económica y social en la ciudad.

    El primer antecedente de los programas distritales para la primera infancia es la política de infancia y adolescencia de Bogotá del año 2004, la cual se define como el horizonte de todos los sectores para mejorar la calidad de vida de niños, niñas y adolescentes, además de la creación del “sistema de monitoreo de las condiciones de vida de la infancia y adolescencia del distrito capital” (Acuerdo 238 de 2006 y Decreto 031 de 2007), el cual permite realizar las tareas de acompañamiento y seguimiento de las acciones de todos los actores y sectores en materia de infancia y adolescencia. En el año 2011 se expide el decreto 520 que reglamenta y adopta la política pública de infancia y adolescencia de Bogotá Distrito Capital, para el periodo 2012-2022.

    El Estado ha tenido que intervenir y brindar programas integrales a la primera infancia, porque muchos padres de familia por sus precarias condiciones laborales y bajos ingresos, no pueden hacerse cargo de las necesidades educativas y formativas de sus hijos. Es por esto que la administración distrital ha tomado la niñez como un tema clave y ha hecho inversiones desde la Secretaría de Integración Social, entidad encargada de liderar y articular la territorialización de la política social.

    La meta de la administración distrital a 2016 es atender integralmente a 270,000 niños y niñas en primera infancia. Se atenderán 133,000 infantes en la modalidad denominada Ámbito familiar y 77,000 en modalidad institucional (jardines). Igualmente se atenderán 60,000 niños en el ámbito de preescolar (sector educación).

    El ámbito institucional y familiar son las principales modalidades a través de las cuales se realiza una intervención que impacta de forma positiva la vida de los niños de cero a seis años y de sus familias. En el esquema institucional se ponen a disposición de la ciudadanía los jardines infantiles, cuyo lineamiento pedagógico de educación inicial está a cargo de la Secretaría de Educación Distrital. Además se cuentan con los jardines Acunar, dotados de cunas y espacios diseñados para los bebés. En este orden de ideas el pasado diez de enero en Teusaquillo, se entregó el jardín Acunar número 37 donde los estudiantes de la Universidad Nacional son los principales beneficiarios. El jardín cuenta con una capacidad para atender a 69 niños y niñas, donde 21, estarán en Sala Materna y caminadores y 48 en Párvulos. Para complementar el diseño y puesta en marcha de los jardines, la administración distrital ha creado la figura de la atención integral en ámbitos no convencionales, que buscan incluir la atención diferencial a la que tienen derecho niños pertenecientes a grupos étnico-raciales residentes en Bogotá y los niños que viven en la ruralidad de la ciudad. Además, esta figura también pretende atender a niños que por condiciones específicas de sus familias y su entorno se encuentran en mayor riesgo y vulnerabilidad social. Tal es el caso de los niños que residen en el sector del “Bronx” y en zonas con población marginada dentro de la ciudad, donde persisten mafias dedicadas al microtráfico, y hay altos índices de violencia, hambre, delincuencia, consumo de drogas, etc..

    De igual manera la administración ha generado proyectos alternativos a raíz de los innumerables problemas que se presentan a la hora de adquirir, rentar o gestionar un inmueble para la adecuación de un jardín infantil, que sumados a la resistencia que aun presentan algunas madres al no querer mandar a los niños a estos lugares – y prefiriendo dejarlos en la casa en compañía de un familiar o cuidador– se ha adelantado la modalidad del ámbito familiar, donde profesionales de la Secretaria de Salud, Integración Social, Sector Cultura y Educación visitan las casas donde hay población de primera infancia y realizan el proceso de intervención destinado a formar conciencia en las familias sobre los cuidados que necesitan los menores y mejorar sus condiciones sociales y de salud. Esta modalidad también incluye a las mujeres gestantes y promueve al interior de los hogares la transformación de los ambientes físicos y la construcción de nichos afectivos que garanticen el desarrollo integral y la potenciación de las capacidades de los niños y las niñas, mediante procesos articulados en tres ejes de intervención: nutricional, pedagógica y de formación a familias.

     

    Los logros de la Alcaldía Mayor en primera infancia a diciembre de 2013[1] se pueden resumir en los siguientes:

     

    • Un gran avance en relación con lo alcanzado en los últimos años, en la vinculación de niñas y niños a la atención integral en ámbito institucional. A 31 de diciembre se atendieron en esta modalidad un total de 131,056 niños y niñas en Acunares y Jardines Infantiles de la SDIS y en colegios de la SED.
    • En 2013 se consolidó la atención Integral en ámbito familiar que a través de profesionales en salud, psicopedagogos, maestras y nutricionistas llegó a 49,540 niñas y niños desde la gestación a los cinco años, en sus casas y vecindarios. 40,432 niños y niñas más que en 2012.  Además se atendieron 18,583 madres gestantes con apoyo psicosocial, pedagógico, nutricional y de atención en salud.
    • 31,330 niños y niñas fueron involucrados en el disfrute, apreciación y creación artística, cultural y actividad física en el territorio en los ámbitos familiar e institucional.
    • Como parte de la acción decidida por abordar la compleja situación de los habitantes de “El Bronx” en la localidad de Los Mártires, se dio apertura a la Casa de Desarrollo Integral para niños y niñas del Voto Nacional: LA LIBELULOSA, en donde se cuenta con una cobertura de setenta cupos para garantizar el desarrollo integral de niños y niñas entre cero y cinco años de este territorio deprimido de la ciudad. En este espacio se canalizan las actuaciones de la Secretaría de la Mujer, del IPES, de la Secretaría de Salud y de la Secretaría de Cultura e Idartes, cambiando las condiciones de desarrollo de los niños, niñas y sus familias.

     

    De esta modalidad también hacen parte las seis “Casas de Pensamiento Intercultural” que son jardines que se caracterizan por un lineamiento pedagógico específico para conjugar las diferentes cosmovisiones de las culturas indígenas y no indígenas. En las Casas de Pensamiento se atienden niñas y niños provenientes de diversos pueblos indígenas, así como niños y niñas no indígenas de las zonas en donde se encuentran ubicados. La tercera vertiente de los ámbitos no convencionales son los cuatro Centros de Desarrollo Infantil y Familiar, CDIF, de las zonas rurales de Bogotá, que permiten incorporar el territorio a las apuestas sociales de no segregación y al mismo tiempo flexibilizar los modelos tradicionales de jardines infantiles involucrando acciones específicas de las zonas rurales de Bogotá

    Según la información presenta por la gráfica 3, la meta de atender integralmente a 270,000 niños y niñas en primera infancia; a través de los diferentes programas institucionales, familiares, educativos y no convencionales que ha diseñado la Alcaldía Mayor; ha avanzado 66.8% en los dos años que lleva operando el plan de Desarrollo Bogotá Humana.

    Como se mencionó al inicio de la presente nota editorial, uno de los ejes claves a trabajar como parte de una política pública orientada a aumentar la competitividad de la ciudad, es mejorar los niveles educativos de la población de manera que se garantice una participación con alta productividad en el tejido económico. Adicionalmente, la competitividad está determinada por ambientes de alto desarrollo tecnológico y proclividad hacia el emprendimiento, gracias a competencias que se desarrollan en el ser humano principalmente a través de un sistema educativo enfocado hacia el desarrollo de las mismas y que primordialmente garantice condiciones de acceso equitativo para toda la población. Las condiciones equitativas en el acceso a la educación no solo se garantizan a través de la gratuidad de los niveles de educación básica y media (un logro en el que Bogotá ya se destaca frente a otras ciudades de Colombia y Latinoamérica), sino en el desarrollo cognitivo y demás habilidades que solo se alcanzan durante la primera infancia y que le permiten a las personas un mejor dese peño a lo largo de cada uno de los niveles educativos, hasta alcanzar las competencias que le permitan una mejor calidad de vida gracias a su participación productiva en la economía de la ciudad.

[0] Tomados del Informe ejecutivo Programa garantía del desarrollo integral de la primera infancia - SDIS

[1] Cuando se habla de externalidades, se está haciendo referencia a los efectos externos que sufren una o varias personas por acciones u omisiones de otras. Una externalidad positiva, genera efectos benéficos a quien la recibe.

[2] En adelante se entenderá que cuando se habla de niños, nos estamos refiriendo a niñas y niños.

[3] No existe consenso en la edad en la que termina la primera infancia. El código de infancia y adolescencia de Colombia define que la primera infancia va desde el nacimiento hasta los cinco años de edad. En esta nota seguimos a diversos autores que piensan que va hasta los seis.

[4] Proceso esencial en la comunicación neuronal que constituye el lenguaje básico del sistema nervioso. Unión entre dos neuronas de modo que la información pueda pasar de una a otra. En el proceso sináptico existen dos elementos en estrecha aposición: la neurona presináptica, encargada de pasar la señal, y la postsináptica, encargada de recibirla.

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