Dinámica internacional de precios de los alimentos podría golpear a Bogotá

Autor: 
Manuel Riaño

Desde junio de 2009 los alimentos han tenido incrementos anuales en sus precios inferiores a los de inflación, tanto en el país como en Bogotá, otrora una preocupación del Banco Central. Hay dos factores en la coyuntura que ponen en riesgo esta tendencia: el clima que afecta los cultivos nacionales y la escalada en los precios internacionales de los alimentos.

tn_MAO_8190 SAI.jpg
Fotografo ODE

Dinámica internacional de precios de los alimentos podría golpear a Bogotá

Desde junio de 2009 los alimentos han tenido incrementos anuales en sus precios inferiores a los de inflación, tanto en el país como en Bogotá, otrora una preocupación del Banco Central. Hay dos factores en la coyuntura que ponen en riesgo esta tendencia: el clima que afecta los cultivos nacionales y la escalada en los precios internacionales de los alimentos.

Las intensas lluvias que golpean al territorio nacional encienden las alarmas frente al tema de abastecimiento y aumento en los precios de los alimentos en la ciudad. Hasta el día de hoy no hay evidencia de un desabastecimiento importante en las principales centrales mayoristas (un 5% menos de abastecimiento el día de ayer en Corabastos), y se empiezan a observar los primeros aumentos en los precios de algunos productos campesinos.

Pero esta no es la única preocupación en materia de precios de los alimentos que podría tenerse en Bogotá. Si la tasa de cambio se mantiene estable o al alza, y si el precio internacional de los alimentos continúa subiendo, existiría una presión para el aumento en el precio de las carnes de cerdo y pollo, los huevos, lácteos, pastas y productos panificables en la capital[1].

De acuerdo con el último informe sobre precios de los alimentos[2], elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Organización, FAO, por sus siglas en inglés, estamos presenciando un rápido incremento en las cotizaciones de los principales commodities o materias primas agrícolas (azúcar, cereales, lácteos, cárnicos y aceites), recordando la escalada en los precios del agro que se inició a finales de 2006 y se sostuvo hasta mediados de 2008.

El panorama internacional ha cambiado en el segundo semestre del año. Después de la leve caída en los precios registrada durante el primer semestre, en los siguientes cuatro meses los precios de los alimentos han subido 21,3%, ubicándose muy cerca del pico registrado en junio de 2008. Puntualmente, este incremento viene jalonado por el aumento en el precio del azúcar (53,2%), cereales (44,8%) y aceites y grasas (29,1%)[1].

Hay varios factores que explican esta alza en los precios, pero el principal está relacionado con el deterioro en las perspectivas de producción en los países de referencia[2]. Otro factor clave ha sido la debilidad del dólar norteamericano presenciada desde mediados de septiembre. Como los commodities (agrícolas y no agrícolas) se negocian en dólares, si este pierde valor frente a sus principales monedas de referencia[3], el precio del commodities tiende a corregirse al alza para no perder cuantía.

En términos de abastecimiento, la FAO considera que, en medio del temor generado por el aumento en precios, en esta ocasión la oferta mundial de alimentos es más adecuada que hace dos años, porque las reservas mundiales se encuentran en niveles saludables comparadas con las de ese entonces.

La atención internacional se torna entonces frente a las plantaciones de la siguiente cosecha (2011/2012), dadas las expectativas de disminuciones en los inventarios globales. En este sentido, el tamaño de los cultivos se constituye como un factor crítico para mantener la estabilidad en los precios internacionales.

En el caso de los cereales y las oleaginosas, es posible que los precios altos incentiven un incremento en la siembra de los cultivos, punto muy relevante para Bogotá, pues los precios de cárnicos, huevos, lácteos, pastas y productos panificables, dependen directamente de la dinámica internacional de estas materias primas, ya que estas son el principal costo en su producción[4]. Vale decir que estos productos son la principal fuente de proteína animal y vegetal de la población, y representan el 9% del total del gasto de un bogotano o bogotana promedio de ingresos bajos, según el Dane.

Ahora, al analizar las cifras de inflación del Dane para la ciudad, vemos que en lo que va del año (hasta octubre) no hay evidencia de un aumento en los precios de estos productos entre los bogotanos de estratos bajos; de hecho, o han caído de precio o registran incrementos en lo corrido del 2010 inferiores a la inflación general.

Son varias las razones que explican por qué hasta ahora no han subido los precios de estos alimentos en Bogotá. La principal está asociada a la revaluación del peso frente al dólar, que ha permitido amortiguar el alza internacional y evitar la escalada en los costos de producción, (recordemos que el peso es la segunda moneda que más se ha revaluado frente al dólar en el año). La segunda tiene que ver con disminución en el arancel a las importaciones, dada por el mecanismo de estabilización de precios que opera en el país[5]. Hoy en día está en cero el arancel para la importación de maíz amarillo y soya y en 7% para el trigo.

Hacia futuro, si la tasa de cambio se mantiene estable o al alza (dependerá de la efectividad de las políticas cambiarias), y si el precio internacional de los alimentos continúa subiendo, existiría una presión para el aumento en el precio de las carnes de cerdo y pollo, los huevos, lácteos, pastas y productos panificables en Bogotá, toda vez que el arancel no puede bajar más allá de cero y el incremento sería trasladado a los costos y después al precio.

Finalmente, es necesario aclarar que, a diferencia del posible efecto de las lluvias sobre el abastecimiento de alimentos para la ciudad, no hay riesgo de desabastecimiento de estas materias primas: cereales y oleaginosas, toda vez que la capacidad exportadora de nuestros principales proveedores: Estados Unidos, Canadá, Argentina y Brasil, no se ve amenazada.

[1] El azúcar recupera así parte de la baja en el precio registrada durante el primer semestre del año, después de tocar el máximo de 30 años en enero de 2010. En cereales, el incremento en las cotizaciones responde a la inesperada caída en la producción provocada por el clima adverso en muchos países. En aceites y grasas, son múltiples los factores que sostienen los precios al alza; se destacan en la coyuntura el alza en las importaciones de soya (principalmente de China), los temores de restricciones a las exportaciones de algunos países productores y la firmeza en los precios del mercado energético.

[2] Estos son Estados Unidos, Canadá, los antiguos miembros de la Unión Soviética, Argentina, Brasil y Australia, entre otros.

[3] Este se mide a través del Mayor currencies index, elaborado por la Reserva Federal de Estados Unidos.

[4] En el caso de la cadena “Cereales, avicultura y porcicultura”, de acuerdo con las estadísticas de la Cámara de la Industria de Alimentos Balanceados de la Andi, el costo de las materias primas (maíz amarillo y complejo soya) representa el 86% del costo del alimento balanceado para pollos de engorde, 73% para gallinas ponedoras y 66% para cerdos de engorde. Alimento que a su vez representa 69% del costo en granja en la avicultura y 75% del costo en finca en la porcicultura. En el caso de la cadena “Trigo y derivados”, de acuerdo con las estadísticas de la Cámara Fedemol de la Andi, el costo del trigo representa cerca del 75% del costo de producción de la harina de trigo, mientras que, la harina, constituye la mitad de los costos promedio en la producción de panificables.

[5] El Sistema Andino de Franjas de Precios es un sistema aplicado desde 1995 por Colombia y Ecuador a la importación de productos de terceros países externos a la Comunidad Andina, cuyo objetivo principal, según la Decisión 371 de la Comisión de Acuerdo de Cartagena (25 y 26 de noviembre de 1994), es estabilizar el costo de importación de un grupo especial de productos agropecuarios caracterizados por una marcada inestabilidad de sus precios internacionales, o por graves distorsiones de los mismos.

[1] Productos a los cuales se les hace un seguimiento desde la Secretaría, a través de la Canasta básica del Plan Maestro de Abastecimiento y Seguridad Alimentaria de Bogotá.

[2] Food Outlook, Global Market Analysis, noviembre de 2010.

Compartir este artículo